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En muchas ocasiones la fertilidad de una mujer viene considerada como un enemigo que hay que combatir con medicamentos e intervenciones. En esta perspectiva es difícil encontrar lugar a propuestas alternativas que respeten la naturalidad del cuerpo femenino.

En esta sociedad moderna muchas veces estamos obligados a escoger entre “naturalidad” y “artificialidad”: por un lado, lo natural como sinónimo de inocuo, pero a veces vivido con sospecha y por el otro lado la “ciencia” con soluciones a muchos problemas, pero sin olvidar efectos secundarios.

Independientemente de cuáles sean nuestras decisiones tenemos que hacer una reflexión:

  • ¿tenemos realmente toda la información para poder tomar nuestra decisión consciente?
  • ¿En el caso específico, nos han preparado en algún momento de nuestra vida para reconocer los mecanismos que regulan la nuestra fertilidad?

Yo estudié enfermería, pero durante la carrera poco nos hablaron de los potenciales de la fertilidad humana y de cómo las mujeres pueden fácilmente aprender y comprender su fertilidad y tomar así decisiones respecto su salud reproductiva en todos momentos de su vida. Descubrí los métodos de “fertilidad consciente” o “planificación familiar natural” (según algunos autores hay un matiz de diferencia entre la fertilidad consciente y la PFN) por motivos puramente religiosos y, desde el principio, me pareció absolutamente triste que no todas las mujeres conocieran estos métodos, cómo funciona la fertilidad de la pareja y cuáles son los aspectos fundamentales de los ciclos de la mujer.

Los métodos de fertilidad consciente o PFN son un estilo de vida con una base científica; tienen una alta eficacia sobre todo cuando las parejas que deciden adoptarlo están muy motivadas y tienen el apoyo de un profesional preparado para enseñarlos.

Finalmente me gustaría trasmitir que detrás de estos métodos no hay unos motivos ideológicos, que estos métodos se podrían enseñar por varias razones, ecológicas, médicas, culturales, religiosas y morales, pero fundamentalmente porque la mujer tiene el derecho de saber cómo funciona su cuerpo.

También creo que hay que difundirlos para hacer ver que puede haber un profundo equilibrio entre naturaleza, razón, voluntad y ciencia y para que nos ayuden a entender mejor cómo somos