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Hace unas semanas investigando sobre nuevas aplicaciones que han sido creadas para soportar a los usuarios de los métodos de planificación familiar natural encontré este artículo escrito por una periodista del Pais:

“La generación digital vuelve al método Ogino y la marcha atrás. Gracias al método Ogino, único sistema anticonceptivo de muchos de nuestros padres y la mayoría de los abuelos, muchos espermatozoides burlaron la vigilancia, las tablas de cuentas y los innumerables cálculos que las mujeres hacían, para llegar hasta el óvulo y fecundarlo, de forma que, en la mayoría de las familias numerosas, los más pequeños eran siempre hijos de este médico japonés, que inventó una red para pescar con los agujeros demasiado grandes, por los que se le colaban todos los peces. Casi un siglo más tarde, este sistema vuelve a ser utilizado por muchas mujeres que, cansadas de la píldora y sus efectos secundarios, empiezan a revisar los antiguos métodos anticonceptivos, buscando una manera más natural de retrasar o evitar la maternidad. Claro que esta vez, los cálculos y mediciones se hacen con ayuda de apps, pequeños ordenadores, monitores anticonceptivos diseñados para decirnos, cuando el semáforo está en verde, que no hay peligro; o, cuando se pone rojo, que es mejor utilizar un preservativo o dejarlo para otro día.”

Después de leer este artículo y, sobre todo, después de escuchar durante meses a mi marido decir que era necesario hacer entender a la gente que los métodos de fertilidad consciente o de PFN no son el método OGINO me decidí a escribir.

Aclaremos ante todo qué es el método Ogino.

También conocido como el método del ritmo o el método del calendario, el método Ogino-Knaus es un método natural de control de natalidad. Fue desarrollado en 1924 por el ginecólogo japonés Kyusaku Ogino, y perfeccionado por el médico austríaco Hermann Knaus en 1928. Consiste en contar los días del ciclo menstrual y elegir los días apropiados de las relaciones sexuales de la mujer para lograr o evitar quedar embarazada. Este método tiene una explicación muy simple, se trata de determinar, en cada mujer, cuáles son los días en los que es más probable que quede embarazada, para así poder evitarlos o buscarlos según se desee un embarazo o se desee evitarlo. Se basa en el hecho de que los ciclos menstruales son más o menos regulares y por tanto se presume que se puede obtener un parámetro para saber cuándo es seguro tener relaciones y cuándo no lo es, hablando en términos de querer evitar un embarazo.

La realidad es que muchas mujeres tenemos ciclos que no son regulares por lo tanto calcular cuáles son los días infértiles para evitar embarazo es un método efectivamente no muy fiable.

Mucho más completos son los métodos que incluyen la observación de más indicadores de fertilidad tales como el moco cervical, la temperatura basal, los cambios en el cérvix,  e indicadores menores (dolor pélvico, sensibilidad/hinchazón de los pechos…).

En mi opinión el método más completo es el sintotérmico. Su tasa de fallo teórica va del 0.2% al 0,3%. De manera muy esquemática podemos decir que las fases infértiles preovulatoria y postovulatoria se determinan siempre por doble control de dos parámetros por lo menos: la fase preovulatoria relativamente infértil se determina por ausencia de moco y unos cálculos (método Döring y/o CMO) mientras que la fase infértil postovulatoria se determina contando tres días de temperatura alta (regla del 3/6) y los tres días después del pico (último día de moco con características fértiles). La fase fértil se encuentra entre el fin de la fase relativamente infértil preovulatoria y la fase infértil postovulatoria.

Finalmente creo que es importante subrayar que las parejas, mujeres que quieren ser usuarias de estos métodos de planificación familiar o métodos de fertilidad consciente necesitan de un proceso de formación y educación específico que les proporcione los conocimientos necesarios para entender la fertilidad y les permite tomar decisiones “informadas” sobre cómo quieren gestionar su salud reproductiva y tomar control de su fertilidad.

Por último, queda recordar que, como dice la periodista del país, en el mercado hay apps para el móvil y también aparatos de última generación que pueden ayudar, sobre todo al principio, a la mujer que quiere aprender cómo funciona su cuerpo y quiere aprender a interpretar los indicadores de fertilidad. Pero acordaos de que: ¡la tecnología ayuda pero no sustituye un buen aprendizaje del método!