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La población española cada vez mayor y los problemas de natalidad son la base de la grave crisis demográfica de España.  El aumento de la esperanza de vida observado en la mayor parte del mundo es un logro notable, y, según las previsiones de las Naciones Unidas, no deja de crecer. Se esperaba que la expectativa de vida alcanzaría un límite máximo, reflejando los efectos del envejecimiento intrínseco que se suponía estaba biológicamente programado. Sin embargo, por un lado, el aumento de la esperanza de vida no se desaceleró y por el otro ha habido una mejor comprensión científica del proceso de envejecimiento y esto se traduce en una disminución de las tasas de mortalidad en edades más avanzadas. Esto ha coincidido que España desde el 2008 España viene mostrando una caída de la tasa de natalidad y todo esto afecta al conjunto de los servicios públicos, afecta a las pensiones, afecta la sanidad, afecta el modelo educativo. Si bien las encuestas revelan que a las mujeres españolas les gustaría tener dos o más hijos, las cifras a partir de 2015 muestran un panorama real diferente ya que los ciudadanos de entre 18 y 49 años tienen un promedio de 1,3 hijos[1]; además la tendencia de ser padre a los 40 o más es cada vez más frecuente. Las nuevas parejas, las familias ensambladas o el simple retraso de la paternidad/maternidad hace que muchas mujeres y muchos hombres decidan ser padres más tarde, algo que la mayoría vive como un rejuvenecimiento o como una nueva experiencia. No es un tema fácil ya que “retrasar la maternidad” está relacionado con varios riesgos por lo tanto no estaría mal que las personas jóvenes fueran adecuadamente informadas sobre los factores bilógicos que influyen en la fertilidad y que fueran conscientes de que confiar demasiado en técnica de reproducción asistida como la fiv no es siempre la respuesta. Es cierto que cuestiones como la búsqueda de un empleo estable, la conciliación entre trabajo y familia y el cuidado de los niños repercuten en la toma de decisión de buscar o no un embarazo. Vivimos en una sociedad que desalienta a las mujeres jóvenes a tener hijos. Hay tanto énfasis en esperar, y establecer una carrera primero, que muchas mujeres van retrasando el embarazo durante tanto tiempo que su fertilidad disminuye antes de tener hijos. Es cierto también que el avance de la medicina ha permitido el desarrollo de opciones reproductivas para aquellas mujeres que tienen dificultades a concebir por causa de la edad: esta “tecnología experimental” no es la respuesta, sino una distracción ya que no se ocupa de las cuestiones sociales que constituyen el núcleo de este problema. ¿Quién, entonces, se beneficia de las mujeres que retrasan el embarazo? Debemos considerar el papel de:

  1. Clínicas de infertilidad
  2. Compañías farmacéuticas
  3. Científicos
  4. Terapeutas alternativos

Ninguna de estas personas o servicios puede garantizar el embarazo a las mujeres que están por encima del rango de edad normal para la fertilidad. Finalmente, las opciones anticonceptivas han tenido un impacto significativo sobre el aumento de la edad materna.

El contexto social es importante para la cuestión de posponer un embarazo. Si las mujeres se sintieran apoyadas por la sociedad en general, en su lugar de trabajo y por sus pares, ¿elegirían quedarse embarazadas antes? Teniendo en cuenta que existen presiones sobre las mujeres en la sociedad moderna que resultan «tóxicas» a la hora de querer buscar un embarazo a una edad más temprana, no nos podemos olvidar que:

  1. Las complicaciones reproductivas aumentan con la edad.
  2. La FIV y la «tecnología experimental» no abordan las normas sociales relativas al embarazo y no mitigan el envejecimiento somático.

En términos de reproducción, el envejecimiento tiene graves consecuencias para las mujeres. Las mujeres nacen con 1-2 millones de óvulos, sin embargo, el número utilizado a través de la ovulación podría ser inferior a 500. Parece que la gran mayoría de los óvulos son eliminados a través de sistemas de garantía de calidad que buscan prevenir la transmisión de los defectos moleculares adquiridos asociados con el envejecimiento. La fertilidad disminuye y la frecuencia de las anormalidades genéticas aumenta con la edad, de acuerdo con la idea de que el stock restante de óvulos potenciales es desafiado por los efectos del envejecimiento intrínseco. Existen vínculos claros entre el envejecimiento reproductivo y las complicaciones del embarazo. Estas complicaciones incluyen:

  1. Infertilidad
  2. Aborto espontáneo y embarazo ectópico
  3. Mortinatalidad y muerte neonatal
  4. Muerte materna y morbilidad.

El envejecimiento reproductivo debe ser entendido como un tema de relevancia no sólo para las mujeres individuales, sino también para la sociedad en su conjunto. Con el aumento del número de mujeres que retrasan las decisiones de embarazo a finales de los treinta y principios de los cuarenta, el envejecimiento reproductivo es una tendencia preocupante. La tasa de infertilidad aumenta con la edad y la FIV no puede lograr satisfacer las demandas de las mujeres que se encuentran infértiles una vez que tratan de concebir. Además, las tasas de fracaso de la FIV aumentan con la edad y cuando falla la FIV, son las mujeres las que absorben el fracaso como propias. El final natural de la fecundidad se produce aproximadamente diez años antes de la aparición de la menopausia. Esto significa que las mujeres en sus 40 años de edad pueden esperar estar en un alto riesgo de infertilidad. Esta realidad, sin embargo, es algo que pocos jóvenes conocen. Mientras nos dedicamos a enseñar a los jóvenes sobre la anticoncepción, no les informamos acerca de las realidades biológicas de la cesación de la fertilidad y les hacemos más conscientes de la propia fertilidad . Las tecnologías médicas disponibles para las mujeres y sus parejas se están desarrollando rápidamente y las cambiantes expectativas sociales de los roles de hombres y mujeres en la sociedad, así como el aumento de la esperanza de vida, han cambiado el contexto en que se producen las decisiones reproductivas de las mujeres. Sin embargo, los momentos en que la fertilidad de una mujer es óptima, y ​​cuando la fecundidad comienza a disminuir, se han mantenido estáticos.

Es necesario comprender la salud y la reproducción de las mujeres en el contexto de la sociedad y reconocer que en el mundo actual los factores sociales, económicos y personales tienden a dominar la elección sobre el tiempo reproductivo, de tal manera que las duras realidades de las restricciones biológicas tienden a ser olvidadas. Es necesario mejorar la educación y el asesoramiento en relación con el envejecimiento reproductivo, así como investigar las influencias sociales que sustentan el comportamiento actual en lo que respecta a las decisiones sobre el momento de tener hijos. Las mujeres y los hombres necesitan ser mejor educados sobre las consecuencias de posponer las decisiones de buscar un embarazo, incluyendo las tasas de éxito de los tratamientos como la fertilización in vitro (FIV). Esa educación debe también llamar la atención sobre la salud de la pre-concepción, y debe ocurrir en una etapa no muy tardía de la vida fértil de la mujer. La sociedad debería garantizar que las mujeres (y las parejas) reciban el asesoramiento y el apoyo adecuados para garantizar que la maternidad/paternidad puedan equilibrarse satisfactoriamente con la vida laboral.

Las imágenes populares de la «súper madre», que logra el éxito tanto en la vida profesional como en la familiar, han creado expectativas de perfección que se espera que alcancen las mujeres; sería muy importante que la futura política respaldase las horas flexibles a tiempo parcial, permitiendo a las mujeres tener éxito en sus carreras elegidas sin tener que perjudicar a la vida familiar. Estamos experimentando una era de embarazo planificada, lo que ha resultado en que algunas mujeres demoren demasiado tiempo la búsqueda de embarazo, debido a factores personales y sociales sin tener en cuenta las limitaciones que el envejecimiento reproductivo tiene limitaciones en nuestras capacidades reproductivas; debemos trabajar para comunicar mejor las realidades biológicas de la fecundidad a la población en general.

 

 

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[1] Según un estudio de la Obra Social La Caixa,